Antecedentes

Actualmente, la humanidad se enfrenta a grandes desafíos: una creciente población mundial (en 2050, las poblaciones urbanas representarán el 86 % y el 64 % de la población de los países desarrollados y países en desarrollo respectivamente), el rápido agotamiento de muchos recursos (en los países en desarrollo se espera un aumento de demanda de energía del 46 % al 58 % para 2025), el aumento de las presiones ambientales y el cambio climático.

Adicionalmente, la tasa de generación de residuos sólidos urbanos de la Unión Europea (UE) y Asia oscila entre 0,9 y 1,6 kg per cápita por día y 0,7 a 1,5 kg per cápita por día, respectivamente.

Las ciudades urbanas mundiales producirán 2.200 millones de toneladas por año en 2025.

Como respuesta a estos desafíos surge la Bioeconomía, conjunto de actividades económicas que utiliza como elementos fundamentales los recursos de origen biológico, para producir alimentos, y energía de soporte para el conjunto del sistema económico. Los productos de base biológica (bioproductos) se derivan total o parcialmente de materiales de origen biológico, excluidos los materiales embebidos en formaciones geológicas y/o fosilizados, y son sometidos a tratamientos con enzimas en procesos industriales medioambientalmente más amigables (fermentación y biocatálisis) en comparación con los procesos químicos tradicionales. El resultado es una disminución en el consumo de energía y agua y una reducción de los residuos tóxicos, por lo que pueden ayudar a reducir el CO2 y ofrecer nuevas características del producto.

A nivel europeo, la “Estrategia de Bioeconomía de Europa”, lanzada y adoptada el 13 de febrero de 2012, aborda la producción de recursos biológicos renovables y su conversión en productos vitales y bioenergía. Su objetivo es centrar los esfuerzos comunes de Europa en la dirección correcta en esta parte diversa y cambiante de la economía.

A nivel español, dicha estrategia se ha trasladado mediante la “Estrategia Española de Bioeconomía: Horizonte 2030”. La estrategia de Bioeconomía española tiene por objeto impulsar la actividad económica y mejorar la competitividad y sostenibilidad de los sectores productivos que están ligados al empleo de los recursos de base biológica, promoviendo la generación de conocimiento y su utilización para el desarrollo y aplicación de tecnologías derivadas, a través de la colaboración dentro del sistema de ciencia y tecnología y de las entidades españolas públicas y privadas. Igualmente, se contempla el desarrollo competitivo de nuevos sectores industriales y de nuevas capacitaciones profesionales.

España, por su potencial agroalimentario, su capacidad demostrada en el mundo de la investigación en este ámbito, y la disponibilidad de espacios geográficos, posee un alto potencial para aprovechar las ventajas que ofrece la bioeconomía. El desarrollo de la bioeconomía, estrechamente ligado a “lo verde” conlleva el desarrollo de los entornos rurales. En los últimos años el aprovechamiento de subproductos agroindustriales se ha desarrollado enormemente con el objetivo de obtener compuestos de alto valor añadido. Este proceso, conocido como bioconversión, puede convertir residuos agroalimentarios (por ejemplo, residuos de cereales, residuos de azúcares o residuos vegetales ricos en aceite) en productos comercializables desde el punto de vista tecnológico o nutricional.

Adicionalmente a los procesos de bioconversión, la obtención de bioproductos a partir de residuos se puede realizar mediante biorrefinería (procesos que, a diferencia de la bioconversión, no emplean organismos vivos durante el proceso de conversión). Este proceso es análogo a la refinería de petróleo en cuanto a que la biomasa es "segmentada" en componentes separados y cada uno se convierte en un producto aislado comercializable.